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miércoles, 12 de marzo de 2014

Selected cuts



El título, extraído de una exposición anterior de Juan Luis Carrasco, ilustra el objetivo de este artículo. Se trata de dar una visión de la poliédrica obra de JL, a través de textos críticos, de compañeros o propios, sobre trabajos anteriores, su obra y su actitud artística, que pasado mañana se presenta en aceropuro showroom, a través de C-aps experience. Como ya ha ocurrido otras veces, el trabajo de JLC se va a auto|re|construir sobre el propio espacio doméstico creando un nuevo microcosmos durante estas ocho semanas.









Entender las relaciones que son posibles en una estructura viene definida por las partes que la componen. Los trozos extraídos mediante la fragmentación de ésta enuncian por un lado su condición de parte, y también la posible recombinación con otros.
La gramática en todos los lenguajes define un conjunto finito de partes, pero el significado que pueden adquirir sus formulaciones no. El lenguaje puede estar compuesto por un número infinito de fórmulas.
Dentro del lenguaje plástico, acometemos distintos autores la posibilidad de relacionar nuestros trabajos. Como ejercicio o experimento, mediante "cortes seleccionados" probamos los trozos de nosotros mismos para recomponer los distintos lenguajes y hallar quizás nuevas formulaciones fruto de la colaboración.
|texto extraído de la exposición Selected cuts. 2013|







El trabajo de Juan Luis Carrasco reflexiona sobre la liberación y la carencia del significado en la creación plástica. Lo hace desde una concepción irónica sobre el valor ornamental-funcional de la obra artística en el contexto del pensamiento. Su trabajo propone reflexiones plásticas y su interés se centra en los aspectos denotativo para construir su discurso.
En esta muestra sin título, se vale de la figura del marco (parergon) localizándolo como centro de atención, que despojado de su función se referencia a si mismo y al espacio contextual.
Para lograrlo  muestra en Bergrummet (habitación de montaña, en sueco) espacio expositivo  de Konstepidemin de Gotemburgo, dos maneras: La primera pretende representar el espacio expositivo como un marco inverso de la ciudad, mediante una pintura en la fachada que acentúa su potencial iconográfico de auto representación, de manera que el espacio se oculta exhibiéndose. En la segunda manera , muestra seleccionados materiales tomados de la ciudad (carteles y un parquet), reconstruidos y intervenidos parcialmente para destacar aspectos estructurales, constituyen huecos de externalidad interiorizado.
La propuesta es una instalación site-specific concebida como una elipsis (lingüística), donde se suprimen elementos de significado pero se construye un discurso dentro de la cohesión contextual.
Esta proposición aséptica,  sin embargo forma parte de un analítico y apasionado proceso de referencias visuales y documentales que viene llevando a cabo el trabajo del  autor sevillano en Suecia, los cuales podrán verse en esta su primera muestra en Gotemburgo.
|Nota de prensa para la exposición Parergorn. 2012|





En la obra de Juan Luis Carrasco toman especial relevancia el proceso, los valores manuales y la investigación. Sus piezas multidisciplinares (instalaciones, esculturas, bajorrelieves, grabados, fotografías, pinturas, dibujos e incluso vídeos), anteponen lo denotativo a lo connotativo y se conciben en su conjunto como series fragmentadas donde las ideas toman presencia sin que importe su significado ni los condicionantes apriorísticos que pudiera determinar la interpretación del espectador.
Una de las cuestiones subyacentes en el trabajo de Carrasco es la consideración de la naturalización de la violencia, la concreción a través de elementos plásticos de los sentimientos inherentes de agresividad o ruptura que existen en innumerables situaciones cotidianas, además de la asimilación de la convivencia con los accidentes. Al utilizar metáforas abstractas -que no son más que materializaciones de conceptos muy elaborados-, pretende evidenciar los cambios bruscos que desacuerdan el equilibrio de las estructuras naturales que nos rodean. Una grieta en el suelo, un ángulo quebrado o un roto en un jarrón son disposiciones habituales que encierran altas dosis de incertidumbre y desconcierto, desavenencias sutiles que nos pasan desapercibidas y que se hacen patentes gracias a la mano del artista. Las ánforas con incisiones de su serie Argumento (2002-2006), o “los troncos mutilados de sus suelos de cerámica” (2005-2006) o “las coloristas bombillas partidas” de su instalación “PieceofCake!”  (2007), representan ese sentimiento indescriptible de inestabilidad, deficiencia y malogro que intenta plasmar el creador sevillano.
El punto de vista que le interesa a Juan Luis Carrasco es gramático y no semántico. Comunicar con elementos sencillos, cercanos y reconocibles que no enturbien ni perviertan el mensaje. Para él la obra es un argumento-ornamento sin engaño donde son claves la responsabilidad, la honradez del artista y el control sobre los métodos procesales de elaboración, facetas que le sirven para intentar reconstruir la realidad desde una percepción desmembrada que tiene en cuenta las máximas formas posibles de aprehensión.
|Diccionario de artistas, Sema D´Acosta|







jueves, 2 de mayo de 2013

La repetición en la escultura de Juan Carlos Marín



La exposición “El infiel en la superficie” nos parece oportuna por la manera que tiene Juan Carlos de encarar el problema del espacio en el tratamiento de sus objetos. Es una manera desprejuiciada, libre y lúdica, sin complejos, de acercarse a los límites de la materia geométrica a través de los planos y las superficies, sin más premisa o ley que la que le otorga la libre asociación de formas que dicta su sensibilidad compositiva. Aunque quizá eso no sea estrictamente así, como nos indican las leyes de la Gestalt, y es que la pregnancia de un objeto depende de variables que podemos no ser conscientes de utilizar al crear una determinada composición. La repetición compositiva, que se basa en el principio de memoria, nos permite explicar por qué una serie nos puede dejar una  impresión más profunda que el objeto aislado, y la consecuencia de la monotonía puede ser eludida con pequeñas variaciones, no inmediatamente perceptibles, sobre la repetición inicial.
Según Deleuze, "desde la representación, la repetición sólo puede explicarse de modo negativo; es una limitación relativa a nuestra representación del concepto, lo que nos impide acceder a la multiplicidad de las cosas que éste puede representar. La repetición sería "la diferencia sin concepto, y no es entonces representable". Mientras que la diferencia supondría el cierre del círculo del concepto, en su infinitud.
Desde el punto de vista de la experiencia C-aps, nos interesa la interrelación del propio objeto espacial con el espacio en que se inserta. Variables como color, escala, situación condicionan esta relación con los muebles y objetos que habitan la sala y aún con los habitantes, visitantes mudables que entran, salen, dirigen su mirada, o se sientan a charlar. De igual modo, se producen los desbordamientos emocionales de la praxis geométrica del trabajo de JCM. De manera no consciente, se producen asociaciones, vínculos ocultos a las motivaciones de la conciencia que van más allá del significado de las palabras y los conceptos. Así , División y Abatimiento de un plano, podría representar para un hipotético espectador visionario, el sentimiento de pérdida de la pareja, en el fin de una relación.  Entonces, entramos en lo que realmente importa, la mirada del espectador, que hace suya la obra al observarla, transformándose en infinitas realidades vivientes en cada una de las mentes que observan, y transforma la obra ahora sí, artística, desposeyendo parcialmente de su propiedad intelectual al propio autor. La obra entonces, es disfrutada en la mente del observador,  que la recrea infinitamente, cada vez que se observa por nuevas miradas.

Juan luis Yáñez.




blando. acero oxidado.
2009
40x38x30 cm







mostaza. acero esmaltado
2012
27x21x35 cm






slanted & enchanted. acero esmaltado
2009





viernes, 23 de noviembre de 2012

Textos y fotos extraídos del catálogo de la exposición de Laura Millán, "Miniencuadro, el camino de los hombres de plástico"




MAXIENCUADRO EN C-APS

A Laura la conocí en El Centro de Todas las Cosas. Fuí a la clausura, después de ver su trabajo en el blog. Fué toda una experiencia. Laura había montado un hospital de curación de plantas y podías llevar cualquiera que estuviera pachucha o se estuviera secando para que intentara recuperarla o darle supongo un poco de amor.
En el Descuartizamiento del Centro, como lo llamaron, ofrecieron jamón serrano, sin D.O., envasado al vacío y enmarcado, para que te pudieras llevar a casa una suculenta obra por 10 €. Después de venderse todos (unos treinta) en menos de media hora, nos fuimos con el anfitrión del espacio hacia los aposentos interiores donde pusimos en funcionamiento una antigua chimenea que hacía años que no se usaba, utilizando para prender la madera de los bastidores de uno de los cuadros usado en la exposición. Así fué el descuartizamiento y así es Laura, imprevisible, divertida, lúdica y bromista, con un humor ácido e ingenuo que no deja indiferente a nadie. Debido a su relación con David Pantaleón, realizador de cortos igualmente sorprendentes y vitales, ha desarrollado una  actividad como directora artística o “decoradora”, como diría Gil Parrondo, que le ha servido de caldo  de cultivo para desarrollar los temas tratados en sus minis. Porque el decorador en cine es un concepto completamente distinto al decorador en interiorismo. Mientras en cine el decorador es el “hacedor de decorados de platós”, es decir un creador, en interiorismo (cf. Adolf Loos Ornamento y delito), es el que rellena, viste, abriga los espacios.
El dominio de la técnica de la maquetación, la realización de pequeños artilugios escenográficos, le ha permitido expresarse con seguridad en sus miniencuadros, que no son otra cosa que escenografías imposibles para películas improbables, o quizá no tanto. La realización de su trabajo se hace con total honestidad y con la técnica más humilde, la artesanía, reivindicando con ella postulados ya presentes en épocas tan distantes en el tiempo como el anglosajón Arts&Crafts de finales del XIX.
Desde el punto de vista de experimentación museológica, laura es muy interesante para nosotros por  ilustrar la relación de su trabajo con la de las maquetas de arquitectura e interiorismo donde se pone a prueba un espacio a escala para su visualización y experimentación, en una época donde los sistemas informáticos, las renderizaciones y el modelado virtual, parecen barrer todas las técnicas anteriores en el tiempo, Laura reivindica el trabajo manual, pero desde el conocimiento de los nuevos sistemas, dejando ver que el futuro, como siempre, no es el barrido del pasado, sino la capacidad de transfusión con éste, en una mixtificación necesaria.
Pero Laura va mucho más allá. Impelida por la fuerza arrolladora del Cine, critica, piensa, reflexiona, propone y juega con sus hombres de plástico, los enfrenta a escalas y objetos recontextualizados de manera que surge un nuevo espacio, una nueva historia, el magma del cine. Porque el cine es eso, un sueño despierto en el que suceden las historias que pasan cuando duermes.
En el camino de los hombres de plástico, nos propone un recorrido a través sus obras, enlazándolas por medio de cintas de colores, cruzando el espacio donde se asienta la exposición, utilizando los distintos objetos que se encuentra, desde el mando de un grifo hasta la iluminación de un expositor, situando a sus pequeños hombres y mujeres, buceadores, electricistas o pintores, habitantes de su mundo, en el centro de este universo, en el que no se va a ningún sitio, sólo se recorre el camino que a cada uno le ha tocado, toda una metáfora de la vida misma.

Juan Luis Yáñez.










imágenes de la instalación de Laura Millán en la exposición de C-aps experience en aceropuro








instantáneas inauguración, 19-10-12, 0.25 h.

martes, 16 de octubre de 2012

Textos sobre la exposición. Miniencuadro... Ramón del Pino, historiador de arte



Maratón 50x50 cm. Collage. 2012




Miniencuadro
por Ramón del Pino, historiador de arte




Miniencuadro es el fruto de un ejercicio conceptual sereno del que germinan pequeñas escenas y teatros, fascinantes historias hilvanadas con una madeja de hilo trenzada entre lo onírico y lo real, entre lo insólito y lo cotidiano; fábulas que se descuelgan del mundo de los sueños y relatos que se edifican sobre realidades dispares, inverosímiles unas veces, cotidianas otras tantas, pero que siempre tienen a la miniatura como protagonista.
Esta “original dramaturgia”, clarificada en el imaginario de Laura Millán, es una propuesta fresca y edificante, distraída y nutritiva que se desliza con maña entre los espacios comunes, entre universos cotidianos que rápidamente se sueldan a la fabulación colectiva. Y es que Miniencuadro es un guiño constante al espectador. Mediante la sutil construcción de decorados que encierran historias, de personajes y acciones que se retroalimentan en una entretenida simbiosis que explora sensaciones, cuchufletas y chascos, las miniaturas interpelan a su público, a su complicidad y comicidad, haciéndole responsable último del éxito de cada una de sus interpretaciones.
De hecho, algunos de estos trabajos se codifican a partir de las sugerencias de sus “mecenas”. Millán recibe los encargos y es a partir del cotejo de los gustos e inquietudes paralelos al compromiso, cuando da comienzo el esbozo de este arte chico, de estas sugestivas fracciones de pura creatividad que sintetizan, en títulos como Libros, los sueños de una empedernida lectora que se transfigura en intrépida alpinista, ávida de escalar insondables montañas de libros diminutos. La misma sinapsis estimula piezas como Clavadista y Tokio, esta última, una postal minimalista de la capital japonesa; una especie de “catarsis” de amor sublimada en torno al beso esquivo que jamás se dieron Scarlett Johansson y Bill Murray en Lost in traslation.  La no menos simplificada Clavadista, es una nítida metáfora de la actitud vital de un amigo de Millán, basada, según palabras de la artista, en su necesidad valiosa de tirarse a la piscina, en todos los sentidos, una condición asumida de manera ligera por una miniatura que Miniencuadro señala como verdadero alter ego de su bienhechor. 

Es así como surgen muchas de estas piezas, pero no la única ecuación de este complejo artístico. Cuando los encargos no vienen acompañados de indicaciones, entonces es la propia miniatura la que se convierte en hombre vitrubiano, en el crisol de ideas que estimula la atmósfera de estos minicuentos que se suceden en un instante, de unos relatos cuyo pulso narrativo juguetea con la proporciones y esquematiza territorios habituales, hace apología de lo oscuro y pondera la engañifa.
 En Marchantes, es la medalla de tela con que se premia a vacas y toros en las ferias, la verdadera protagonista. Su desproporción es el escenario que condensa y expande la acción, el argumento también  de Crimen, donde la huella del cadáver es un ilusorio “Gulliver de trazo grueso”, capaz de rememorar, más que la novela de Jonathan Swift, las versiones de  dibujos animados que se hicieron sobre la obra del escritor irlandés y con la que todos crecimos. Y es que Miniencuadro posee el fulgor de esa magia infantil que envolvía travesuras, juegos y juguetes, cuentos y tebeos, dibujos animados y por supuesto el cine. Es obvia la relación de Miniencuadro con películas como “El increíble hombre menguante”; su analogía con aquel cine henchido de aventuras, protagonizado por miniaturas de carne y hueso que huían de  enormes monstruos y animales fantásticos, que correteaban entre gigantescos decorados, verdaderos delirios de cartón piedra salidos de los irrepetibles trucos de Ray Harryhausen o  Emilio Ruiz. Unas fullerías visuales en las que la escala y la esencia artesanal son una referencia espiritual a la vez que un guiño estético, y que escanea el cine hasta llegar, tal vez, hasta el mismísimo George Meliés y su viaje a la luna, a su manera creativa y mimosamente artesanal de hacer las cosas. 
Pero bajo estas cúpulas de cristal y madera subyacen igualmente otros elementos comunes al arte de lo oscuro, a saber, el decorado, la puesta en escena, el guión, mucha creatividad y unos actores muy disciplinados y sorprendentes.
La construcción de estos lucernarios espacio-temporales de 13x13, 23x23 o  50x50 cm, estos son los formatos con los que trabaja este entretenido trío que encierra nubes y atrapa gigantes, florece a partir de una línea de trabajo articulada en torno a las artes visuales, el diseño industrial y gráfico, la animación y la dirección de arte.
El resultado es un trabajo visualmente limpio y sintético. Muy gráfico. Idóneo para configurar los conceptos nítidos que originan estas obras; hábil para dialogar con el material y dar forma a unas piezas moduladas mediante el maridaje entre las miniaturas de maquetas y una amalgama riquísima de elementos, la mayoría de uso habitual: papel, cartón, madera, textiles o plásticos. Ingredientes con los que Miniencuadro se regocija simplificando, a través de una tangente artesanal, lugares, objetos y sensaciones. Monopol, Exterior jardín, Ecovesan, Feria o Sáhara son un epílogo muy plástico de espacios tan rutinarios como un supermercado, un jardín, un cine, la playa de las Canteras o el desierto del Sáhara. 
En la era digital, una creadora cuya principal herramienta de trabajo es el ordenador, se apodera del collague y las manualidades, del “hazlo tú mismo” como pretexto técnico, estético y estilístico del que fluye, según Millán, un enfoque ético: “ser lo más artesanal posible”. Es ahí donde reside buena parte del acierto y la energía de este manifiesto céfiro, muy útil para penetrar en el territorio siempre delicado que existe entre arte y artesanía. Una especie de “tierra de nadie”, un flujo continuo de conexiones nerviosas y de impulsos exquisitos que yacen latentes esperando el talento que explore esta veta dorada.
Quizá, y siguiendo hasta el final la huella del genial Harryhausen, fullero responsable de muchas de las peripecias cinematográficas de Simbad el marino, Miniencuadro se pueda explicar como una metáfora de otra de las fábulas que componen los cuentos de Las mil y una noche. Tal vez, solo hay que frotar el candil de Aladino para que el genio de esta lámpara maravillosa haga realidad nuestros deseos. También nuestros sueños.

Ramón del Pino






Monopol, 23 x 23 cm. Collage. 2012

jueves, 11 de octubre de 2012

Textos sobre Miniencuadro. Nayra Sanz, Directora de Cine





clavadista, collage 23x23 cm. 2010




MINIENCUADRO. CRÍTICA DE LA MINIATURA

Nayra Sanz Fuentes

Entre los artistas contemporáneos más destacados del “arte en miniatura” realizado a lo largo del siglo XX, habría que destacar la aportación realizada por el artista neoyorkino Charles Simonds (1945). En el contexto norteamericano de los años sesenta, marcado por los movimientos de contestación política y social en los campus universitarios, y en el que los artistas buscaron un modo de expresión que se liberase de las formas de representación tradicionales, Simonds optó por trabajar con la miniatura y por reflexionar, ante todo, acerca de su ubicación en el territorio urbano. Es así como surgieron los dwellings, pequeñas moradas de arcilla que el artista situaba de manera clandestina en barrios degradados de la ciudad. Los pequeños hombres –little people, en palabras del artista- que supuestamente habrían habitado aquellas construcciones, eran el testimonio de civilizaciones nómadas y arcaicas que rememoraban tiempos remotos. A través del fuerte contraste que se generaba entre esas civilizaciones “arcaicas” y la gran urbe megalómana neoyorkina, Simonds impelía a reflexionar sobre la historia, el tiempo, la muerte, la creación y la degradación. Del mismo modo, con el uso de la arcilla cruda como material arquitectónico, recordaba el distanciamiento paulatino que el hombre contemporáneo había establecido con la tierra y con la naturaleza, una lejanía que desembocaba en sociedades industrializadas y profundamente consumistas.
Más de treinta años después, otro artista contemporáneo, el portugués Baltazar Torres, comenzó también a trabajar con la miniatura, si bien desde una perspectiva muy diferente. Su ámbito de exposición no sería ya el urbano, como en el caso de Simonds, sino, de nuevo, la galería y las salas de arte. Los materiales con los que Torres trabaja no son ya “primarios” (madera, barro, etc.), sino aquellos estrechamente vinculados a las sociedades industriales: plástico, metal, espejo, etc., y los espacios que genera se relacionan con el mundo de la maqueta. Sin embargo, este artista, también plantea con sus escenas una crítica frontal al mundo en el que habita. Sus representaciones, caracterizadas por individuos aislados emplazados en arquitecturas kafkianas (Ej: Colmenas, Cuevas Urbanas), aluden directamente a la problemática del hombre postmoderno del primer mundo: la “urbe del caos” dominada por la alienación, la apatía, el consumismo y la soledad; una suerte de esquizofrenia de lo real.
A punto de iniciarse la segunda década de siglo XXI Laura Millán comenzó a realizar sus Miniencuadro; pequeñas series en forma de cuadro en las que encierra a seres en miniatura en escenas cotidianas, lúdicas y oníricas. Podría decirse que su estética, limpia y minimalista, recuerda a aquella primera escena de Terciopelo Azul de David Lynch, en la que un bombero saluda sonriente mientras atraviesa las calles impolutas de una pequeña ciudad acomodada de los EE.UU. Todo el entorno aparenta una perfecta armonía, nada desentona y, sin embargo, se intuye que algo turbio se esconde detrás de esa fachada; un escenario que vela una realidad tenebrosa y desconcertante.  
De este modo, a simple vista, las piezas de Laura Millán parecen alejarse de aquella crítica social explícita que encontrábamos en el caso de Simonds o Torres, no obstante, ésta se encuentra en la concepción misma de la obra. Sus imágenes están relacionadas con el tiempo lúdico, como en el caso de Clavadista, Patrones o Beso noche, al igual que con situaciones de ensueño, como Música, amor y cochino jabalino, momentos que aluden, de una u otra manera, a un mundo de ilusión y perfección. Pero no se debe de olvidar ni el espacio ni los materiales con los que estás “ingenuas” imágenes están realizadas: pequeños marcos de madera prefabricados, repetidos en serie ad-ifinitum; lugares que congelan instantes de cotidianidad, caracterizados por el humor y lo surreal, realizados con materiales de gran maquinaria postindustrial. Son instantes de memoria, de vida, que acontecen creyéndose libres (Tokio, Ecovesan) y que, sin embargo, están dominados por un mundo perfectamente gestionado. Es más, igual que en el caso Simonds y Torres –y es aquí donde se encuentra la mayor similitud entre los tres-, al estar creados a partir de la miniatura, esos individuos –“felices” en el caso de Millán- no sólo están acotados y marcados por un espacio cerrado y geométrico, sino que además quedan al acecho de una mirada externa, en esta ocasión siempre superior. El ojo que ahora contempla es el Gran Hermano de El show de Truman que confirma que el orden, bajo su continua super-visión, funciona según lo estipulado. Ante esta mirada panóptica que todo lo ve, cabe preguntar, ¿quién observa a quién? ¿Si ellos son observados, no lo estaremos también nosotros? Es entonces cuando ese mundo feliz e ingenuo se desmorona para descubrir que, en la posmodernidad, todo lo cotidiano se ha convertido, también, en ámbito de control, supervisión y vigilancia.
Los Miniencuadro esconden así una realidad bifronte cargada de una ironía no exenta de incertidumbre. Estas piezas, que sin duda recuerdan cierta estética del arte Pop de los 50, del mundo de la publicidad y del diseño gráfico, se desvelan, en su aparente simplicidad, como inquietantes e, incluso, en términos de Sigmund Freud, como siniestras –Unheimlich-: objetos y situaciones perfectamente cotidianas y que, sin embargo, se perciben como extrañas y desconcertantes. 

lunes, 30 de abril de 2012

Opinan nuestros amigos. la universidad emocional

OPINAN NUESTROS AMIGOS: PACO PÉREZ VALENCIA, DIRECTOR DE LA UNIVERSIDAD EMOCIONAL


En esta nueva sección, queremos mostrar la opinión de amigos de C-aps experience, o simplemente visitantes a las exposiciones que organizamos, que quieran darnos su impresión sobre ellas, sus sensaciones, su visión o sus reflexiones. Empezamos con 5500 K. y la opinión de Paco Pérez Valencia, director de La Universidad Emocional, pintor, dibujante, artista multidisciplinar, y por encima de todo amigo, que nos ha apoyado y nos apoya con su aliento, siempre cercano, y por tanto imprescindible.

Os dejamos con sus palabras.



El lenguaje expositivo es un acto de vida que debe llevar al espectador la verdad de quien expone su talento. Todo lo demás es puro juego estético, lo que no deja de ser correcto, pero a estas alturas, este riesgo o resulta una aventura o es previsible. Por eso, cuando tengo la oportunidad de encontrar emoción en una exposición, algo que lamentándolo mucho, me ocurre excepcionalmente, quedo prendido y me siento en deuda con la misma Naturaleza.

La experiencia de visitar 5500 K fue para mí recordar la necesidad de vivir la exposición desde la inteligencia, con mínimos elementos, como la honestidad y el rigor. El juego de dialogar con las sutiles metáforas de luces y temperaturas de color, es de los efectos más elegantes y
silenciosos que he podido encontrar con anterioridad, no ya como una cualidad museográfica, marca de la casa en Caps-experience, sino como una hábil construcción museológica, desde su concepción previa y su mismo proceso creativo atendiendo las virtudes del espacio y sus evidencias.

Las buenas historias necesitan tiempo para su ideación y tiempo para su desarrollo. Justo lo que hoy parece una quimera. Y es justo tiempo, lo que este trabajo nos muestra: tiempo para saber mirar y tiempo para saber pensar. Gracias Marina, gracias Morón.

Paco Pérez Valencia, Abril 2012